Soy ex-fumador y como tal en ocasiones puedo llegar a ser muy coñazo. Me exaspera que alguien se me encienda un puro a mi lado en un lugar cerrado y busco con admirable tesón reductos libres de humos, pues mucho me costó quitarme y no quiero recaer.
Aún así me considero una persona razonable y no me importa en absoluto que alguien en mi mesa se encienda un cigarrillo y disfrute de su vicio post-pandrial. Es más, me molesta que un fumador no disfrute de su cilidro nicotínico porque crea que me pueda molestar. Si me molestara, ya se lo diría, ¿no? Ya me iría a otro lugar, ¿cierto? Me buscaría las habichuelas por mi lado y aquí paz, y después, gloria.
Y hablando de paz y gloria, hoy, en un momento de esquizofrenia de mi radio que se ha puesto espontaneamente a buscar la COPE donde no era, ha saltado Radio Nacional Clásica (que sinceramente, no recuerdo cuál de las cinco es), en donde oportunamente Fernando Argenta discrepaba de la medida del gobierno autonómico de la Comunidad de Madrid de pasarse la ordenación del tabaco por los mismísimos de la Sra. Aguirre y su consejero de sanidad D. Manuel Lamela, argumentando que el humo es algo malo (anda, como alguna que otra alma
cándida).
Yo admito que el humo puede molestar, pero no le tengo fobia. No como la que permite al Sr. Argenta aprovechar las ondas para hacer publicidad contra una de las personas que más admiro. Pero era de esperar, D. Fernando, que Vd. le tenga tirria al humo, máxime conociendo un poco su historial familiar. Aunque supongo que le guardará la misma fobia a los coches, como los suizos, que aparte de hacer relojes, ahora van a limitar la velocidad en sus autopistas a 80, precísamente para reducir los humos, esos que tanto odia.
Pero ellos dejan fumar en paz, como hago yo y como hace cualquiera que tenga un par de dedos de frente. Y el que no opine igual, es que a lo mejor guarda una terrible historia que le
asfixia la conciencia, como al Sr. Argenta.