sábado, diciembre 24, 2005

Una Navidad ecologista



"Muchos padres y madres, sometidos a la presión de sus hijos e hijas, acaban por convencerse de que para demostrar lo mucho que les quieren les tienen que comprar más regalos, y terminan sometiéndose a la dictadura de la publicidad olvidando alternativas de consumo más justas social y ambientalmente, como pueden ser buscar juguetes de artesanía local, sin embalajes innecesarios, no sexistas ni bélicos, que estimulen la creatividad, adecuados a cada tipo de edad, con materiales naturales y biodegradables, juguetes en los que se esté pagando el producto, y no su publicidad. Además, estamos olvidando incluso lo más importante: que es posible jugar sin juguetes."

Eso, tú dile a tus hijos en Navidad, cuando vean que bajo el árbol sólo hay aire, que jueguen sin juguetes... ale, tú díselo, échale huevos. Hijo, este Navidad en lugar de regalarte el juego de la Play que me pediste, tendrás que imaginarte a los marcianitos... ah, y sobre todo no te los imagines bélicos ni sexistas, que te desheredo. Han de ser marcianos progresistas, que colaboren con un ONG y voten a Iniciativa per Catalunya-Verds. Como mucho, te voy a regalar para Reyes un muñeco biodegradable más feo y cutre que un pecado, envuelto en el mismo papel de periódico que utilizo para llevar el bocata al curro.

-Sí papá, qué gran idea, es chupi. Gracias a Ecologistas en Acción esta va a ser mi mejor Navidad. ¡Hideputas!

FELIZ NAVIDAD, AMIGOS Y LECTORES DE LA ALIANZA ENTRE MAMONES!!

2 comentarios:

Mujer Abedul dijo...

Siii, siii.
Yo quieo que me regalen un botiiiijo, de artesanía local, que si lo traen cogido del asa no necesita embalajes innecesarios, es biode(sa)gradable y mu correcto sesualmente, pues es macho y hembra a la vez.
Ay que ilu!

Andrés Devesa dijo...

Versos al hijo de dioS

“Jesucristo no era un pacifista. No era un mariquita.”
Reverendo Jerry Falwell


Los firmes pechos de María resplandecían espléndidos
al dar de mamar al Elegido
en su cálida y acogedora guarida.
El bastardo mordisqueaba con delicadeza
los pezones duros y enrojecidos de su madre,
al tiempo que frotaba con su pequeña manita
el clítoris puro de su inmaculada concha,
arrancando gemidos de placer
de las entrañas de su virginal progenitora.
María chorreaba de lujuria y orgullo,
encandilada por las divinas palabras
que le susurraba al oído:
«Bendita eres entre todas las mujeres,
perra espléndida,
y bendito es el fruto de tu vientre
y de tu húmedo y rojo sexo.»
José el carpintero decidió serrar
su flácido miembro de cornudo;
humillado, desaparecerá en las calles
de Amsterdam, látigo, corsé y botas de cuero rojo.
¡Oh! Jesús, el placer de consumar
el más blasfemo incesto, renegar del padre
y abrazar al hideputa, besando
su sucio y maloliente trasero rojo.
Bajo la dorada cúpula se celebrará,
entre humo blanco y putrefacción de siglos,
la sagrada orgía, espectáculo del Apocalípsis,
donde el Gran Cabrón te montará
y tú orinarás -culminación de tu reinado-
sobre el álbum de fotos de tu sagrada familia.
Por los siglos de los siglos, así sea.